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viernes, 8 de octubre de 2010

LA CASA DE BERNARDA ALBA

ADELA (Sentándose) .- ¡Ay, quien pudiera salir también a los campos!
MAGDALENA (Sentándose) .- ¡Cada clase tiene que hacer lo suyo!
MARTIRIO (Sentándose) .- ¡Así es!

AMELIA (Sentándose) .- ¡Ay!
LA PONCIA .- No hay alegría como la de los campos en esta época. Ayer de mañana llegaron los segadores. Cuarenta o cincuenta buenos mozos.
MAGDALENA .- ¿De dónde son este año?
LA PONCIA .- De muy lejos. Vinieron de los montes. ¡Alegres! ¡Dando voces y arrojando piedras! Anoche llegó al pueblo una mujer vestida de lentejuelas (...) Yo los vi de lejos. El que contrataba era un muchacho de ojos verdes, apretado como una gavilla de trigo.
AMELIA .- ¿Eso es cierto?
ADELA .- ¿Pero es posible? (...)
ADELA .- Se les perdona todo.
AMELIA .- Nacer mujer es el peor castigo.
Federico García Lorca, La casa de Bernarda Alba (1936)

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